Migración, arte y exilio
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El viaje de Luís Seoane en 1963 a través de la prensa.
Mª Antonia Pérez Rodríguez
Universidade de
A Coruña
La llegada a la presidencia de
Argentina de Arturo Illia marca el inicio de los viajes que casi anualmente
realizará Luís Seoane a España y quizás debido a que gran parte del año la pasó
en la Península Ibérica, la prensa bonaerense se ocupa poco del durante 1963,
si comparamos con años anteriores y más con 1962 en el que le otorgaron el
prestigioso y codiciado premio Palanza. Antes de venirse, en enero, Duperial
publica una entrevista con su buen amigo el pintor, muralista y arquitecto Juan
Carlos Castagnino y con él; se centra en la obra sobre las paredes que ambos
realizaron en Buenos Aires, una obra importantísima pero, como se verá en el
caso de nuestro pintor, a la que solo tangencialmente se refieren los
periódicos del Estado español. A partir de este momento hasta su habitual
exposición anual en la galeria Bonino los medios porteños no le vuelven a
dedicar espacio.
En 1963 el matrimonio Seoane
reside tres meses en Ginebra, para a continuación asentarse, a partir de
finales del mes de junio, en Sada. Durante el verano el artista trabaja
duramente en O Castro de Samoedo, en la casa de Isaac Díaz Pardo, para preparar
las piezas que llevará a las exposiciones que efectuará en septiembre, en
Coruña, y luego, en Madrid, en el mes de diciembre.
Victoria
Armesto en su habitual colaboración en La Voz de Galicia cuenta: “Durante diez
horas diarias en un estudio abierto al dulce paisaje mariñán, Seoane dibuja.
Prepara un mural de hierro y bronce que de Zurich le han encargado; prepara
grabados en madera para un libro que seguramente le editará Moret. Los grabados
de Seoane han recibido un premio importante en Japón“. De este mural para Suiza
no se tiene ninguna noticia, por lo que cabe pensar en una confusión y se
refiera a algún trabajo de los realizados en Buenos Aires o a un proxecto
abortado; del premio en Japón tampoco hai noticias. En la inmensa mayoría de
los currícula de Seoane figura siempre que participa en 1966 en la V Bienal Internacional
de Tokio, no en ninguna otra anterior. Precisamente es en 1963 cuando por
primera vez se recoge en un catálogo[1]
colombiano que formó parte de la muestra Grabado Argentino celebrada en Tokio
en 1961, un hecho que después se pasa por alto cuando enumeran sus numerosas
muestras colectivas.
A lo largo de sus “Notas
Coruñesas” la futura diputada del partido Alianza Popular adelanta la
posibilidad de que realice una exposición en Madrid y reivindica su
coruñesismo, incluso trayendo a colación que su esposa, Maruxa, nació en esa
ciudad y que “coruñesa era también la madre de Seoane, una señorita de López
Mosquera”. Cuenta que está grabando los albúmenes El Toro júbilo[2]
y O meco[3],
leyenda esta última que para ella “representa el espíritu burlón de El Grove”,
aunque aclara: “Hay quien ve en esta leyenda el mas claro antecedente de
Fuenteovejuna” sin precisar que el propio autor en el prefacio del álbum
efectúa ese parangón. Así mismo, Victoria Fernández España advierte de una
realidad que a nuestro grabador le resultaba muy traumática: del desgarramiento
generacional que quebró la comunicación entre los viejos y jóvenes, que corto
ese necesario diálogo y que tanto preocupaba y dolía al artista; la periodista
lo hace omitiendo, como radica en la guerra civil la causa del corte
sociocultural ocurrido en Galicia (y en el resto del Estado español): “Seoane
lleva casi treinta años fuera y en este largo espacio de tiempo una nueva
generación ha crecido. Por unas razones u otras la nueva generación no ha oído
hablar de hombres que estaban tan lejos como Seoane”[4].
Se suma con ello a la práctica totalidad de periodistas y comentaristas que por
precaución o miedo a la censura franquista, al igual que ocurriera en la década
anterior, y sucederá hasta pasada la mitad de los setenta, no informan sobre la
verdadera causa de su marcha a América; incluso procuran, como se verá, evitar
la palabra exilio o cualquiera de sus sinónimos. Victoria Armesto además vierte
unas arriesgadas opiniones personales:
Posiblemente
en el curso de los años Don Luís Seoane ha tenido que desprenderse de no pocos
de aquellos ideales que conmovieron su inquieta juventud de estudiante
santigués (...) Tuvo un bufete con otros dos coruñeses y llegó a pensar que,
mas que la pintura, el dibujo o el grabado le interesaba ser hombre de acción.
Hoy aquellos tiempos y aquellas inquietudes quedan lejanos y se difuminan como
las leyendas celtas…[5]
Esta
constituye la única ocasión en que en la prensa se alude a un posible
“enfriamiento” ideológico, cosa que amigos, conocidos o la observación de su
propia trayectoria vital se encargaron de negar. Por el contrario, en las
páginas de ese mismo diario, del cual ella era una de las propietarias, un mes
después, Alberto Míguez opina de modo diferente en una colaboración que,
curiosamente, lleva el mismo título que la de la autora de La Galicia feudal,
el relata que hace poco le presentaron al artista y recuerda: “Cuando conocí a
Luis Seoane, me impresionó su combatividad adolescente, su entusiasmo: Ahora
creo que lo que me entusiasmó fue sobre todo su valentía, su perenne rebelión.“[6]
El día ocho de agosto en La Noche,
Fernando Mon reproduce entero el poema que Rafael Alberti le había dedicado a
nuestro creador en 1951; constituye esta la primera ocasión en que, en los periódicos
peninsulares, cuando se escribe sobre Seoane se reproducen los versos que le
inspiró al autor gaditano, se menciona el nombre de Alberti y se indica que
proviene de su libro A la pintura;
también en este artículo se transmite al lector dos de sus deseos: “Seoane me
habla de la creación de un museo de arte contemporáneo gallego, de un congreso
de arquitectura que revise los disparates urbanísticos de los últimos cincuenta
años“. Es en este momento cuando se tiene noticia de su intención de montar ese
museo que en 1972 se materializará en O Castro de Samoedo; era una idea
acariciada de viejo pues, a mediados de los cincuenta, en un editorial de la
revista, Galicia Emigrante[7],
ya se pronuncia en pro de la necesidad de fundar un museo de arte gallego en
general sin “curiosidades”, que incluya a los artistas actuales, pero por aquel
entonces sin progpunar la exclusividad de centrarlo en el arte contemporáneo en
concreto. El segundo anhelo no lo llevó adelante; pudo ser porque, en aquella
época, su vinculación con el entramado sociocultural gallego se restringia, y
con fuertes discrepancias, al sector de la cultura escrita. En 1963, recién
llegado, encerrado en O Castro por trabajo y prevención, no conocía a muchos
arquitectos; tampoco la mayoría de estos profesionales estaban sensibilizados
con el tema urbanístico, además en gran medida, ellos eran los autores de eses
disparates que, con el tiempo, se fueron engrosando por el “boom” de la
especulación de finales de esa década y comienzos los setenta. Un proceso que
Seoane ansia atajar desde que en esas datas comprobó cuanto ocurría con la
construcción en Galicia. Su afán de procurar de contener esos desmanes, de
integrar la arquitectura en el paisaje y actualizarla teniendo en cuenta
nuestra tradición, se desprende de dos crónicas emitidas con un intervalo entre
ellas de ocho años, en el programa de radio Galicia Emigrante[8]
que el dirigía en Buenos Aires.
La ambigüedad del titulo elegido
por Mon: “Seoane de nuevo en Galicia”, tanto se puede entender como una alusión
a su vuelta después de 27 años, como una referencia a un hecho que se sabia
poco y de modo confidencial, ya que ni él, ni los amigos, por miedo y
discreción, lo comentaron con naturalidad hasta casi la llegada de la
democracia:
Recuerdo, hace tres años, cuando lo conocí en Tuy, en la
misma raya fronteriza con Portugal. Allí fui con Paz Andrade, interesado en
conocer a un hombre cuya labor en América seguí paso la paso. El encuentro de
pocos minutos, no sólo confirmó sino que acrecentó el interés por la poderosa
personalidad de Luís Seoane[9].
En
ese momento, en 1960, a pesar de su nacionalidad argentina[10],
el matrimonio procura pasar desapercibido y no se atreve a permanecer muchos
días en Galicia. Su estancía se redujo a una semana, de ella destinaron un dia
a visitar Santiago y otro a Coruña, el resto se afincaron en O Castro de
Samoedo[11],
casi sin salir de la casa de Díaz Pardo, luego cruzan la frontera por Tuy. En
Portugal, se instalan cuatro días para poder ver a los amigos que viven o
tienen negocios en Vigo, después regresan a Argentina desde Lisboa.
La muestra que realiza del cuatro
al catorce de septiembre de 1963 en la Asociación de Artistas de A Coruña
motiva una abundante salida de informaciones en la prensa gallega, sobre todo
en los medios de esa provincia. La Voz de Galicia incluso le dedica entera su
habitual página de Artes y Letras del día 12 de ese mes; junto con La Noche,
constituyen los periódicos que mayor espacio le destinan; a continuación se
sitúa El Faro de Vigo. Dentro de esta abundancia de noticias se debe tener en
cuenta que en los dos últimos colabora Fernando Mon, responsable de buena parte
de las entrevistas y comentarios que insertan esos dos medios no editados en
Marineda. Este crítico participa directamente en dicha muestra e inserta un
texto suyo en el catálogo, junto a otro de Isaac Díaz Pardo.
El
mismo día de la inauguración se lee en la Voz de Galicia que se trata de un
importante pintor casi desconocido aquí[12],
no aclara él porque pero asegura que la exhibición constituirá “...un verdadero
acontecimiento artístico que La Coruña, ciudad amada por el artista, sabrá
valorar. La obra de Luís Seoane, por tantos conceptos genial, no es conocida en
su propia tierra como debiera serlo. Sólo por algunos se tiene noticia de una
parte de su espléndida creación”[13].
En otra nota publicada al día siguiente se proporcionan parte de los nombres de
los ilustres asistentes a la apertura, todos ellos pertenecientes al género
masculino, mientras se mencioa colectivamente la presencia de “distinguidas
señoras”:
...el presidente y secretario de la Real Academia Gallega,
señores Martínez Risco y Vales Villamarín, respectivamente, el presidente de la
asociación de artistas, don Demetrio Vázquez Mosquera, el escritor don Rafael
Dieste, los ensayistas don Ramón Piñeiro y Fernández del Riego, el doctor
García-Sabell, el crítico literario señor Carballo Calero, el pintor Díaz
Pardo, el economista Valentín Paz Andrade, el presidente de A.I.C. señor
González Garcés, el cronista oficial de la ciudad, señor Naya Pérez, artistas,
escritores y críticos de arte. También asistió numeroso y selecto público,
entre el que figuraban distinguidas señoras.
Un conjunto de personalidades que
a juicio del periodista confirman el “auténtico acontecimiento artístico” que
se auguraba el día antes. Para colaborar a que continúe el éxito se le
pronostica una buena recepción por parte del público en general: “Ayer ya fue
continuo el desfile de aficionados por el Salón de Riego de Agua, desfile que
ira la en aumento en el curso de los días…”[14].
Tal como figura en la nota del día
anterior, la exposición se abrió a las ocho da tarde del 4 de septiembre. Cabe
suponer, ateniéndose a lo que normalmente ocurre, que la sala permaneciese
cerrada para los visitantes hasta el momento de su apertura oficial; por tanto
resulta chocante la información de la primera parte da frase, debido a que
hasta esa hora las personas no invitadas, no dispondrían de entrada libre as
espacio expositivo.
Gran
parte de los intelectuales asistentes al acto de inauguración coinciden con los
que aparecen en la foto de El Ideal Gallego[15]
al dia siguiente y con los citados cuatro días mas tarde en La Hoja del Lunes:
…se abrazaban y dialogaban, venidos de las cuatro rosas
del país, eximios representantes de las plumas, los pinceles, las gubías de
Galicia (…) Poetas, ensayistas,
cronistas, filólogos, historiadores, críticos, pintores, escultores. Académicos
nacionales, académicos regionales, académicos provinciales. Apellidos y nombres
resonantes: Mosquera, Martínez Risco, Vales, García-Sabell, Fernández del
Riego, Carballo Calero, Piñeiro, Paz-Andrade, Martínez-Barbeito, Díaz Pardo,
García Patiño, Brea (…) Era un parnaso de las Letras y las Artes de Galicia,
espontáneamente congregados para dar la bienvenida y tributar homenaje al
mayorazgo pródigo de la pintura gallega[16].
J. L. B. firma este largo artículo
en el semanario de la asociación de la prensa coruñesa, en el se congratula de
la iniciativa de Isaac Díaz Pardo por impulsar al artista para que realizase la
muestra en Coruña, evita cualquier alusión a su condición de refugiado, de ahí
la utilización del vocablo “pródigo” cuyo significado dista mucho de la
realidad vivencial de Seoane, a quien le reconoce un puesto de honor entre sus
colegas gallegos; un hecho este último que todos los medios coinciden en
resaltar así como en ocultar, por omisión, que se trata de un transterrado
político.
Los dos periódicos coruñeses
suministran una muy amplia reseña sobre la conferencia de Domingo
García-Sabell, justo al día siguiente de que la pronunciara en el salón de la
Asociación de Artistas; local en el que están colgadas las treinta y cinco
xilografías, un número de cuadros que recogen todos medios. No existe
diferencias dignas de evaluar entre los contenidos informativos sobre esta
disertación facilitados por La Voz de Galicia y de El Ideal Gallego; en ambos
se lee: “El local se hallaba abarrotado de público, entre el que figuraban
destacadas figuras de la cultura y del arte”; los dos proporcionan el título de
la intervención: “La dimensión humana de la pintura de hoy”, adjuntan una foto
del “ilustre del doctor y escritor compostelano”, obvian la palabra exilio, que
La Voz de Galicia sustituye por emigración: “Las últimas palabras de
García-Sabell llamaron la atención sobre la obra de Seoane creada en la
emigración, idealizando una realidad desquiciada”[17].
Ambos diarios recogen los mismos puntos de la disertación; en ella el futuro
presidente de la Real Academia Gallega adelanta los conceptos básicos
desenvueltos en su libro publicado dos anos más tarde sobre nuestro grabador.
Para él: “Son cinco las notas que caracterizan la personalidad de Seoane:
Predominio de lo afectivo sobre lo intelectivo, predominio de lo dinámico sobre
lo estático, la búsqueda del punto de apoyo en una realidad concreta, la
radicalidad vivencial y la radicalidad estética.”[18]
Por
su parte, Fernando Mon insiste en todos sus textos sobre el triunfo del artista
mas allá de nuestras fronteras, en su galleguidad no residente en la temática
que aborda, en la universalidad de su pintura, en la calidad técnica de sus
grabados, de ellos valora, por innovador, la utilización expresiva de la veta
de la madera. Pero tampoco en ninguno de sus artículos, comentarios o
entrevistas usa la expresión exilio o similar, o frase indicadora de como las
circunstancias históricas le obligaron la escapar de Galicia en 1936. En una
entrevista con ese crítico en El Faro de Vigo, nuestro creador define su obra
incidiendo en las experimentaciones[19]
que efectúa con las xilografías:
Mi pintura actual la realizo con grandes
tonos planos de color y un grafismo muy esquemático. Trato de hacer una pintura
expresiva, lo que no es expresionismo, que refleje mi inquietud.
El género de grabado que cultivo es el
realizado en madera. En él aprovecho las calidades del material, al que añadí
creo, por primera vez, el collage y otros nuevos procedimientos con los cuales,
creo, haber renovado este arte tradicional y uno de los géneros del grabado más
noble y más unido a la imprenta. También utilicé el estarcido con cuyo
procedimiento popular hice estampas. Fui en este aspecto el primero y quizá la
el único de los artistas actuales que utilizó este género que se había relegado
a ser utilizado por albañiles y pintores de paredes.
Declara
ahora como en su pintura el cromatismo adquiere una importancia definitoria y
por la contra se refiere al dibujo cual un grafismo, no como elemento definidor
de las formas. Se contrapone esta afirmación con lo que respondía en la
encuesta publicada en 1951 en el número especial sobre la pintura gallega
editado por Galaxia: “Acentúo las formas para exaltar su carácter expresivo, y
cuido que ellas cobren importancia por sí mismas, independientemente de cada
valor, y del color (...) Se trata, como se dijo, de que con líneas y colores
hagamos surgir el cuadro de un plano; pero en mi caso trato de hacerlo, repito
con la mayor pureza de medios”[20]
En 1963, pasados doce años, el pigmento sustituyó al trazo como elemento
básico. Así mismo, por la respuesta dada en el diario vigués se aprecia como se
sentía orgullo de rescatar para el lenguaje plástico una herramienta artesanal
y popular: el estarcido. Con respecto a esta técnica se debe indicar como, a
pesar de dejar transcurrir varios años antes de exhibir de nuevo estarcidos[21],
el procedimiento de la plantilla lo continuó empleando en el gouache y sobre
todo en el óleo. Se percibe en lienzos pintados entre 1959 y 1961; son telas en
las que el contorno de las figuras se encuentra tan perfectamente recortado,
trazado con tanta seguridad y precisión que la firmeza, nitidez y continuidad
en el perfil de la línea denota el uso de las trepas[22].
En otras de las respuestas de
esta entrevista con Fernando Mon, dice que a la Bienal de Sao Paulo[23]
envió grabados: ”Concretamente en estos últimos años fui invitado la
representar en grabado a la República Argentina en la bienal de Sao Paulo, que
debe inaugurarse este mes”. Habla en plural porque participó polo menos en dos
ocasiones en el certamen brasileño; de los cátalogos consultados, solo en uno
consta que concurrió en 1957[24]
y de los estudios sobre su obra figura en uno que tambien en 1959, en los otros
curricula aparece 1963. Por otra contestación se advierte como se preocupaba
por permanecer al día sobre la situación de nuestro panorama plástico de ese
momento y como procura relacionar las inquietudes de los artistas de los
sesenta, con la aspiración de los renovadores de expresarse con un discurso
poseedor de unos modos que transmitan ese “algo” nuestro que, a su vez, puede
contribuir a definir una posible escuela de pintura gallega, una escuela nunca
planteada conscientemente como tal:
Desde Buenos Aires he seguido como pude
el movimiento artístico gallego; integrado por los mas jóvenes desde Isaac Díaz
Pardo, hasta Raimundo Patiño y los integrantes de los grupos O Galo y A Gadaña
de La Coruña. Creo que en todos ellos continúa existiendo la misma intención de
establecer en pintura la peculiaridad del arte gallego, suficientemente
manifestada en arquitectura y escultura.
Añade que se acaba de imprimir la
carpeta de grabados El toro júbilo, anuncia la próxima salida de la de O Meco,
y termina expresando un deseo que tardó quince años en consumar: ”Creo que mi
ambición inmediata sería ir narrando por este procedimiento del grabado en
madera viejas leyendas de Galicia.”[25]
El anhelo lo vio cumplido en 1978, justo cuatro meses antes de morir, cuando
editó en Albino y Asociados de Buenos Aires Imágenes de Galicia, con un total
de setenta y dos xilografías inspiradas en leyendas, mitos y tradiciones de nuestra
Tierra.
Al
día siguiente el mismo crítico coruñés en un artículo de La Noche aprovecha las
anteriores declaraciones de Seoane sobre el empleo del “collage” en la xilografía para realzar aun
más la modernidad de los grabados en madera. Considera la muestra como la más
importante que pasó por la Asociación de Artistas en el último decenio,
aventurándose a pronosticar: “Es muy posible que marque una trayectoria a
seguir por el arte gallego, hoy tan confuso y equidistante de nuestras dos
realidades sustantivas: sentido racial y sentido universal.”[26]
Presagio donde en una parte se advierte como las teorías de Hipólito Taine, que
tanto influyeron en los años veinte en Vicente Risco, conservan todavía, en
1963, cierto vigor en las concepciones algunos de nuestro críticos.
Con respecto a la posibilidad de
la existencia de una escuela gallega de pintura, el subtítulo de otra
entrevista publicada en el vespertino santiagués siete días después, recoge el
pensamiento de nuestro autor en torno al tema: “No sé si existe el no una
escuela de pintura gallega, sé que existen unas características gallegas que el
artista quiera el no expresa en su obra (...) Advierto en 1963 una inquietud
gallega y universal que puede equiparse a la de las pocas mejores del pasado de
Galicia”. Esta respuesta inicia una serie de ellas sobre este asunto, pues a lo
largo del tiempo se convertirá una pregunta recurrente que le harán casi todos
los periodistas gallegos; la contestación siempre será la misma pero expresada
de modo diferente: hay un “algo” que define a los pintores gallegos, pero ese
“algo”, por supuesto distinto al nuestro, existe en los pintores de otras
naciones; añade a esto que el tema en si no distingue ni define a un arte
nacional. Estas dos opiniones no resultan nuevas en él, pues ya en 1951[27]
explica este concepto en el monográfico dedicado por la editorial Galaxia al
arte gallego.
En el medio de la tarde de
Compostela, González Chas, resume brevemente la actividad de Seoane en América,
descollando entre todas sus facetas la labor editorial y citando por muy encima
la de muralista; además con sus consideraciones transmite al lector el alto
grado de prestigio que disfruta en los minoritarios círculos intelectuales de
la Tierra:
Su estancia en nuestra ciudad en los
obliga la traer la nuestro diario a uno de los hombres más relevantes que la
intelectualidad gallega ha producido en este siglo (...) Luís Seoane ausente de
nuestro país desde 1937, viene con nuevos bríos y para su mejor presentación
transcribimos lo que el gran pintor Isaac Díaz Pardo, dice de Seoane en los
programas. [28]
En el texto del catálogo de mano
Díaz Pardo hace lo mismo que el periodista de La Noche, omite que es un
refugiado al asociar a su amigo y asi mismo con la emigración. En la censura
existente para los asuntos relacionados con guerra civil, radica él por que de
tomar tantas medidas de precaución con el empleo del idioma; cabe suponer que
la mayoría de quienes escriben temen a la represión de la policía franquista.
Dos días después, el crítico
Laureando Alvarez en La Voz de Galicia resalta la galleguidad ecuménica de los
grabados de Seoane y recoge el debate sobre la existencia o no de un arte que
se pueda calificar de específicamente nuestro, para luego inferir:
“Posiblemente pueda afirmarse, con muchos intelectuales, que no existe una
escuela gallega. Pero es indudable que la tierra está presente en la obra de
todo artista auténtico.”[29]
Por motivos diferentes cumple realzar dos
artículos publicados uno en La Noche y otro en El Faro de Vigo, durante el
tiempo que permanece abierta esta primera exposición coruñesa. En La Noche se
edita, a mi modo de entender, una de las más interesantes críticas sobre la
pintura de Luís Seoane, pero que, por los conceptos volcados en ella y por su
terminología, parece más propia de figurar en una revista especializada que en
un diario generalista; su autor es Tomas Barros. Al igual que la mayoría de los
críticos americanos, y como señaló Garcia-Sabell en su conferencia, defiende
que, a pesar de la fuerte tendencia a la disolución de la imagen, esta arranca
siempre de la realidad por eso en su obra, la abstracción nunca es total. En su
amplio comentario sigue criterios estrictamente formalistas, son los criterios
imperantes en esa época. Ateniéndose únicamente al lenguaje plástico
singulariza tres puntos que hasta ese momento nadie percibiera en la producción
de nuestro autor ni en argentina ni en España:
1º/
Las relaciones ideo-estéticas con Malevich:
En la pintura de Seoane ha hecho irrupción de forma
inusitada una nueva concepción, enteramente consecuente, sin embargo, con la
evolución de su obra; pero bastante afín a aquella actitud por la que Malevich
intentó abordar una estética de la sensibilidad pura, la representación de
sensaciones abstractas…
2º/ Establece coincidencias con
Joan Miró, cuando matiza los puntos que aproximan a nuestro autor al mencionado
pintor ruso. Al indicar las concomitancias con el artista catalán, se adelanta
a un crítico germano que no firma su texto en el Bonner Stadt-Rundschau[30]
y quien también las apreció cuando expuso en Alemania en 1967:
En Luís Seoane se descarta toda influencia abstracta
preconcebida … Ya que como en el caso de Miró, la transición de un estilo que
se apoya en una temática dada a través de netas vivencias populares, a otra que
precisa el empleo de toda una gama de signos para su esclarecimiento, encuentra
su justificación dialéctica, paradójicamente, en un intento de aprensión de la
realidad concreta.
…Lo verdaderamente curioso es que, como ya hemos visto,
todo este grafismo sea el resultado de un análisis abstractivo que parte de la
realidad y que concluye - exactamente como en el caso de Miró - gravitando en
las lindes de los extractos últimos de la conciencia, como obedientes ahora a
una realidad interiorizada.
3º/
Cree que su visión mítica del mundo
condujo al pintor a presentar ante el espectador a la figura cual un lugar:
La fuerza sugeridora de estas nuevas formas, huella con
sus asombrosas y ilimitadas posibilidades de expresión, operan ahora como
instrumentos incisivos de una trans-realidad, mientras que como visto,
surgieron, precisamente para retener la delicuesciencia figurativa. Nos
arrastran a una nueva concepción topológica animista por la que un personaje
puede transformarse en “un lugar”, dentro de una visión mítica preventiva de la
configuración geográfica (noción desarrollada por Lévy Bruhl)[31].
Añade
a esto el catedrático de dibujo en Marineda, las vinculaciones formales de su
grafismo con las insculturas del neolítico; en este caso una apreciación no novedosa
porque ya la percibiera Manuel Rabanal en 1959 en un comentario así mismo
publicado en el vespertino santiagués[32].
El
artículo de Genaro Meléndrez, en El Faro de Vigo, reviste interés porque
relaciona la exposición de grabados en madera de Luís Seoane con la institución
sociocultural del momento en Galicia, entendida esta en el sentido que le
otorga Pierre Bourdieu[33]:
Luis Seoane viene precedido de un gran prestigio: como
artista y por su actuación en el campo de la galleguidad. Esta ascendencia, me
refiero a la que tiene en nuestra región, la posee en mayor medida de cara a
los medios llamados regionalistas.
La mayoría de estas personas se caracterizan precisamente,
en cuanto a mentalidad estética, por la negación de valores reconocidos
universalmente.
Esta inveterada postura, intelectualmente inaceptable,
trajo y trae como consecuencia el asentamiento de un ambiente y una situación
retrógrados.
He aquí la lección implicada en esta muestra: El artista
gallego se hace universal cuando logra proyectar su localismo imprimiendo a los
contenidos autóctonos de su obra dimensiones de universalidad.
…Luis Seoane es universal, no solamente porque sea un gran
pintor, sino también porque es actual, por ser un artista renovador. Porque
trabaja imbuido en su tiempo a través de las andaduras pictóricas
universalmente actuales (...) Esta es la estupenda lección que se deriva de su
exposición, de su muestra pictórica. Esta es la enseñanza sobre la que deben
meditar y aprender el interminable grupo de pintores gallegos que, negando
rotundamente la pintura abstracta, por ejemplo, no hacen mas que repetir hasta
la saciedad paisajes y bodegones cuyo valor artístico ya nace muerto. Una buena
parte de la pintura gallega, aún cuando está la fresca, desprende un fuerte
olor la naftalina.
A esto quería llegar; en torno a esta exposición se
produce un hecho insólito, inédito, inexplicable. Todos los santones del falso
regionalismo, todos los seguidores y los que revolotean alrededor de los
santones y de los seguidores del falso regionalismo, aplauden a Luís Seoane y
su obra hasta atribuirles una personalidad y un valor casi místicos, “Es una
cima del arte gallego universal”, dicen. “Se trata de una magistral enseñanza”,
aseguran otros, para añadir “nuestra Galicia
está en su obra”.
Es posible, también, y en este sentido transcendente
analizo la exposición de Luís Seoane, que hayan llegado a dos conclusiones, que
los pintores gallegos tienen derecho no solamente la realizar obras cubistas,
expresionistas o abstractas, sino también que estas pueden considerarse como
obras de pintura gallega. Y, según su dimensión estética, de pintura universal.[34]
El comentarista de El Faro de Vigo
incide en uno de los problemas mas graves por los que atravesaba nuestra
pintura a comienzos de los sesenta. Como se aprecia en la relación de los
nombres de las personas que acuden a la apertura de la exposición y la
conferencia en ella pronunciada por Garcia-Sabell, a Luís Seoane lo arropó el
grupo galleguista vinculado con la editorial Galaxia. Genaro Meléndrez hace un
“totum revolutum”; mezcla, bajo la desfasada denominación de regionalismo
(pensamiento ya superado en los años 30) a personas con diferentes concepciones
artísticas y políticas (algunas incluso muy frías o casi antigalleguistas). No
se puede negar que en su conjunto gran parte del sector del galleguismo
presente en la muestra seguían anclado en los postulados estéticos del “movimiento renovador” de nuestra plástica,
pero no en el regionalismo contra el que se revelaron esos pintores. Además Colmeiro,
Maside, Souto, Laxeiro, Fernández Mazas, etc. no se encontraban cerrados a las
vanguardias europeas, y entre los años 1926-1935, apostaron, cierto que con
bastante timidez, por el cubismo o por el expresionismo; incluso Colmeiro
realizó una pequeña incursión en la abstracción, y Rafael Dieste, el teórico de
este grupo, defendía en 1924 la necesidad de abrirse al exterior[35].
Detrás de estas opiniones del
corresponsal coruñés, subyacen los postulados que motivaron la polémica en
torno al arte abstracto, un debate que se llevó a cabo en La Noche; su
desencadenante fue una exposición itinerante de arte informalista que se
celebró en el Hostal de los Reyes Católicos en 1960. En esta confrontación
intelectuales vinculados al nacionalismo marxista, como Xosé Luís Méndez
Ferrín, o al galleguismo moderado de izquierdas, como Marina Mayoral,
defendieron posturas totalmente favorables a la abstracción y al informalismo;
las contrarias tampoco salieron del
grupo capitaneado por Piñeiro y García-Sabell, incluso se puede
considerar a la novelista de Mondoñedo, por aquel entonces como muy próxima
ellos. La oposición partió de Alvaro Cunqueiro, sus opiniones se deben tomar
como representativas de un sector muy conservador, en concreto del galleguismo
de derechas; cabría precisar que del mas inclinado cara al franquismo.
Ideológicamente, D. Alvaro, se hallaba distante del grupo Galaxia, a pesar de
la vieja amistad personal que lo unía con algunos de sus miembros.
El comentarista de El Faro de Vigo
parece referirse a alguno de los encuestados por Fernando Mon durante la
conferencia pronunciada por García-Sabell. Responden a este pequeño formulario
personas mayorimente de la derecha, no beligerantes con el franquismo, cuando
no bastante afín a ese régimen[36].
No figuran entre los preguntados Rafael Dieste, Fernández del Riego, Ramón
Piñeiro, Valentín Paz Andrade o García-Sabell. De entre los tres galleguistas
antifranquistas solo Díaz Pardo se expresa en gallego, cosa que aplaude el
periodista: “Y con estas palabras dichas y muy bien dichas en nuestro idioma
cerramos la breve encuesta”, Carballo Calero o Antonio Concheiro, manifiestan,
en castellano, acudir a dichos actos por amistad y no entender de pintura. No
emplea tampoco nuestro idioma Ricardo Carballo Calero, quien a pesar de
confesar no entender nada sobre arte, percibe en la plástica de su amigo “con
una potencialidad gallega que trasciende toda su obra.”[37]
El talante del máximo organismo cuidador nuestra lengua esta reflejado por el
entonces presidente de la Real Academia Gallega, Sebastián Martínez Risco,
quien contesta en correctísimo español, como era habitual en él.
La Voz de Galicia le dedica a
Seoane la página de Artes y Letras del
doce de septiembre de 1963. En una presentación a modo de editorial
justifica que se centre en él por entero; lo explica porque considera clave su
obra para entender el arte gallego actual y por el deseo de rendirle un
merecido homenaje a un intelectual que continuó en la distancia leal a Galicia:
Al hombre que deja su tierra por la tierra extraña y sigue
estando permanentemente en ella, al hombre que sigue guardando fidelidad la un
compromiso contraído en la adolescencia. Al Hombre fiel. Al Hombre limpio de
corazón (...) en Luís Seoane se rompe y destroza el mito de una Galicia silente y plañidera que utiliza solamente el
lloriqueo para expresarse.[38]
Esta especie de editorial remata
con los primeros versos del poema de Rafael Alberti a la pintura de Seoane pero
sin indicar de su autoria. La página la integran, aparte de la editorial-presentación,
un dibujo suyo, una entrevista con el y un poema inspirado por su obra de Luís
Pérez Fuentes; completan el espacio un artículo[39]
el que Díaz Pardo refunde de modo abreviado su texto del catálogo de la muestra
de la Asociación de Artistas y también otro perteneciente a González Garcés.
Este crítico y bibliotecario coruñes, tal como adelanta en el título, se
refiere al profundo coruñesismo del pintor y en lo tocante a sus xilografías al
“juego de forma y expresión de línea profunda y color vital” que existe en los
grabados de El toro júbilo, una carpeta inspirada en la leyenda de Gerión y tan
relacionada con Coruña que incluso aparece un toro en el escudo de la ciudad.
El entonces presidente de la asociación internacional de críticos de arte,
alude a la leyenda de O Grove sobre O Meco, la otra “historia” popular que el
artista plasma en imágenes casi el tiempo que la anterior; Garcés subraya el
parentesco con la “historia” de Fuenteovejuna y se atreve a hacer extensiva
para la plástica de Galicia una característica que, al igual que otros
críticos, aprecia en su producción:
Es verdad que Luís Seoane, como también señala Domingo
García-Sabell, no se desprende nunca enteramente de lo real. Tengo determinado
como una constante de Galicia eso
mismo: La incapacidad para abstracciones y formalismos totales, es decir el
constante predominio de la imagen y la expresión en el arte gallego.[40]
Las repuestas del artista
en la pequeña entrevista que se engloba en esta página revisten interés porque
permite comprobar como continua a creer en el arte inserto en la realidad
social. Precisamente, creer esto, a mi modo de ver, lo lleva a defender la
existencia de ese “algo” que define al arte como verdad y al mismo tiempo como
representativo de una comunidad. Son estos dos conceptos que el nunca separa
pues siempre habla de la sinceridad y del mundo personal del creador como del
resultado de experiencias vividas dentro de un tiempo determinado y de un
espacio social abierto al exterior. Un entorno que entiende configurado por la
tierra, la interrelación con otros ámbitos externos diferentes, la historia y
la cultura dentro de la cual introduce un tiempo tanto mítico como histórico y
a la que asigna un fuerte valor como elemento de comunicación y de identidad.
Seoane, en sus contestaciones está rebatiendo la autonomía del arte y el
concepto actual de globalización:
El artista es pueblo, forma parte de su pueblo y esta
integración nacida con el se manifiesta siempre aun cuando el artista quiera
afirmar por razones de cualquier índole una posición distinta a la colectividad
a la que pertenece. Es siempre heredero de las diferencias de su pueblo. Él es
la memoria de este. Una memoria que alcanza edades remotas, creo aun no
estudiadas.
El arte estuvo
siempre vinculado a un país, a un pueblo. Lo caracteriza una tierra. El país en
que nace le imprime una peculiaridad. Entendámonos, tierra en el sentido
gallego de país y pueblo es todo uno. Y el planeta Tierra esta compuesto de
“tierras distintas”.
El artista nunca se abstrae de la realidad histórica en
que vive. El pueblo es país y vive fatalmente su tiempo. No puede escapar a
este.
No entiendo lo que quiere decirme con compromiso
artístico. El arte siempre está comprometido con la sociedad en que se
desarrolla. Si se trata que realice un acto de servicio circunstancial, en
cuanto se refiere a su temática, esto no le alcanza en sus valores más
profundos, puede el tema, esto si, en algún caso integrarse con estos. Pero el
tema no puede ser anécdota circunstancial, sino reflejo de un sentimiento
universal que alcance la todos hombres, tal es el caso de “Los desastres de la
guerra” (...) El arte no soluciona nunca nada; lo que hace es mostrar las
cosas, descubrirlas, enseñarlas en su particularidad y hondura a los hombres.
Con respecto a si existe o no una
escuela de pintura gallega, repite cuanto le dijo a González Chas en La Noche,
lo mismo que siempre responderá a partir de ahora cuando reiteradamente le
pregunten sobre el tema: entiende el arte como verdad e inmerso en una realidad
histórica y sociocultural y estima que una “escuela” gallega de pintura existe
en tanto en cuanto los creadores responden inconscientemente a un “algo” que,
en conjunto, les es propio y los individualiza de otros de diferentes lugares,
pero no está definida con precisión, ni seguida con consciencia por nuestros
artistas:
No sé si existe una escuela de pintura gallega. No sé si
se puede definir muy concretamente una escuela de arte. En todo sé que consiste
en establecer diferencias entre un conjunto de artistas y de obras, en general
de distintas patrias, maneras y sentimientos, y en este caso existen vínculos
profundos que unen a los artistas gallegos entre si desde el pasado y que se
manifiesta sin propósito deliberado alguna en sus obras. Tierra y pueblo marcan
para siempre al artista.[41]
Estos postulados siempre los
defendió. Por carta, expresado de otro modo, ya se lo decía tres años antes de
estas explícitas declaraciones a sus amigos Esther y Lipa Burd.[42]
Como se vio en la exposición de
Coruña concurrió todo el grupo Galaxia, incluido Ramón Piñeiro. Su presencia no
significa que el enfrentamiento con Seoane estuviese olvidado por ambas partes[43];
pero en 1963 de ningún modo de podía transmitir al régimen fascista la imagen
de un galleguismo dividido. A parte de esto, la sección del galleguismo
culturalista del interior se fuera convenciendo de que el pintor, aunque
marxista, no militaba en su “bestia negra”: el Partido Comunista de España, que
tampoco aplaudía el comportamiento de esta organización con respecto a Galicia
y a las otras nacionalidades de la Península y comprobaron como seguía sin
concordar con la política del fantasmal Consello de Galicia. Esta última baza
era para el galleguismo del interior muy importante, pues el artista, y su
grupo, actuaban en Buenos Aires, a modo de un espontáneo e indirecto aliado
contra la integrista Irmandade Gallega, que se consideraba legítima heredera de
Castelao, pero que era ferozmente antimarxista. Conocían desde 1947, cuando les
solicitaron integrarse en el partido galleguista del interior, que el sector
marxista del nacionalismo en exilio, propugnaba la actuación conjunta de las
fuerzas del interior y del exterior (con este fin mandaran aquí a un
emisario[44]), que “los
porteños” eran conscientes de como únicamente desde fuera, no se podía luchar
con efectividad contra el franquismo, y que reconocían la necesidad de contar
con las propuestas de los que sufrían la dictadura. Pero la sombra del
comunismo, y saber que los de Argentina era gente activa y decidida, suponía,
el primero una barrera, y segundo miedo a que llegasen a controlar el escaso
poder de que disfrutaba nuestra oposición.
El grupo Galaxia también arropa la
muestra de Seoane porque estaban bien enterados de su prestigio en el
extranjero, y de ningún modo se debía desaprovechar pretexto alguno, por mínimo
que fuese, para sacar a relucir la importancia y contemporaneidad de nuestra
cultura, y aún mas si el creador gozaba de prestigio internacional. A todo esto
se debe añadir, que pese a las diferencias, “el sentimiento nacional” y años de
lucha y amistad unían a estas personas.
Casi dos meses después de concluir
la exposición de Coruña, Seoane, exhibe distintas facetas de su producción en
las salas da Dirección General de Bellas Artes de Madrid, ubicadas en el
Palacio de Museos y Bibliotecas. Inaugura a finales de noviembre de 1963;
cuelga óleos, xilografías, algunos grabados en metal, además de enseñar en
vitrinas numerosos albúmenes y libros ilustrados por él. Consigue bastante
repercusión en la prensa del momento, en gran parte por tratarse de una muestra
realizada en un centro oficial y porque detrás se hallaba Xosé Castro Arines
que había sido compañero del pintor
cuando ambos estudiaban la carrera en Santiago y en aquel entonces ostentaba un
importante cargo en el ministerio de Información y era crítico de arte en los
periódicos Diario de Barcelona e Informaciones.
Esta exhibición sirvió para reunir de nuevo a tres viejos amigos
de la etapa republicana, pues, pese a las diferencias ideológicas con el
artista, Santiago Montero Díaz acudió a la inauguración y trato de apoyara.[45]
Algunos miembros de la colonia argentina de esa capital estuvieron presentes
porque al día siguiente de la apertura, ocurrida el 27 de noviembre, una foto
del pintor con unas chicas porteñas, publicada en el diario Madrid,[46]
da cuenta de la celebración del acto.
Castro Arines en una entrevista
que le hace Alfaro, para Informaciones, recuerda: “Luis y yo formábamos parte
de la tertulia del Derby en Santiago.También éramos compañeros de la
universidad. Él estudiaba derecho y yo filosofía”. Alfaro termina la entrevista
a su colega afirmando: “Luís Seoane viene a ser como una avanzadilla permanente
del arte español en América (…) Este pintor galaico es uno de los más vigorosos
talentos del arte español contemporáneo…[47]”
Unicamente
Sánchez Camargo, en la Hoja del lunes, lo considera un creador argentino. Para
que no se olvide lo subraya en el subtítulo, el ladillo y en el texto, donde
enjuicia de modo muy positivo su pintura:
...una exposición
clara, diáfana - en forma y contenido - debida a un gran artista argentino, un
gran pintor, que se halla fuera de mimetismos, tan frecuentes en meridianos
hispanoamericanos (...) una pintura bien sostenida arquitectónicamente en su
intimidad y abierta a una paleta difícil y bellísima (...) En su amplia obra
parece querer confirmar que la mejor poesía puede hallarse en la matemática. Su
fama se revalida en los óleos, en los grabados en madera y en metal con
retícula. Es un pintor y un ilustrador, pero diferenciando bien calidades,
propósitos y consecuencias.[48]
Por el contrario, el resto de los
medios dejan bien patente su origen gallega, presentándolo como un español que
logró éxito y prestigio en el gran país del río de La Plata; no aclaran porque
se instala en Buenos Aires, aunque de pasada se refieren a que se marchó de
Galicia durante la Guerra Civil. Los términos exiliado, huido, refugiado,
transterrado tampoco aparecen para nada en los medios madrileños; de nuevo,
cuando aluden a su residencia habitual el vocablo emigración sirve para
sustituirlas. En la época franquista el interesado tópico de la emigración como
algo consustancial a la personalidad del
“homo galaicus”, constituía una rentable explicación para el triste y
solucionable fenómeno[49]
de ir a trabajar lejos de la Tierra, y en el caso que nos ocupa, para encubrir
la forzada y trágica diáspora de 1936. En general, cuantos se ocupan en la
prensa de Seoane, sobre todo los mas vinculados al régimen, aunque también
algunos de los contados medios algo aperturistas (como Índice), al igual que
habían hecho en septiembre los diarios de Galicia buscan palabras para encubrir
las arriba citadas; probablemente con ello intenten evitar que la censura
aumentara el habitual control sobre cuanto publicaban.
Alfaro, en la mencionada
entrevista de Informaciones a Castro Arines, recurre al tópico tan doloroso
para el pintor: “Luís Seoane nació en Buenos Aires, en el seno de una familia
de emigrantes gallegos. Desde Galicia, muchos años después, movido por esa inquietud
de todo buen gallego, se decidió la cruzar de nuevo el mar y instalarse en su
Buenos Aires natal.”[50]
Concha Castroviejo, después de años, vuelve a escribir sobre Seoane en este
periódico madrileño; procura sortear el asunto de su huida de España y afirma
sentirse ahora admirada de la fuerza del cromatismo de una pintura que piensa
muy nuestra, a pesar de no basarse en lo que se considera “temática gallega”[51].
Por su parte, Castro Arines en el Diario
de Barcelona, del que era corresponsal, se sirve de la ambigüedad de la lengua,
como harán muchos de sus colegas, para no precisar el motivo real de la forzada
marcha: “Seoane se trasladó después la Argentina donde nació por accidente como
hijo de emigrantes gallegos y allí está considerado como una de las
primerísimas figuras del arte del país.”[52]
Lo presenta como un pintor nuevo en todas las plazas españolas y a la
exposición como una de las más brillantes de cuantas se celebraron últimamente
en la capital del Estado.
Figuerola-Ferretti pasa por alto
el tema del exilio y de la nacionalidad del
artista, manifiesta que le resulta familiar su pintura, cosa que,
aclara, no es posible “por la sencilla
razón de no haber presentado jamás su obra en Madrid”, piensa que los cuadros
lo compensan de no conocer los murales, de los que confiesa poseer referencias
como de las mejores realizaciones del
artista; de los grabados cree: “...acreditan su entrega de ilustrar
inteligentemente libros de autores de talla.”[53]
Dos críticas publicadas el cinco
de diciembre revisten un especial interés; una pertenece a Santiago Arbós
Ballester y la otra a José Hierro. A este último le atrae toda la muestra,
recalca el hecho raro de no asumir la moda del gusto por la materia pictórica y
que su producción no pueda definirse sin tener en cuenta su doble actividad de
pintor y grabador: “Seoane es como un árbol que da hermosos frutos, hojas
musicales, a consta de negras y retorcidas raíces. Sus raíces son los
grabados”. Por primera vez un crítico español escribe que el grabado influye directamente
en las piezas de caballete; el año anterior en Buenos Aires Amaya Hernández
Rosellot en La Razón[54],
estableció relación entre ciertos modos de tratar el material en la pintura
sobre muro y en los efectos visuales conseguidos en las imágenes de los murales
con los logros obtenidos con la xilografía; nada extraño si se tiene en cuenta
que el mismo pintor declara en muchísimas ocasiones las influencias mutuas[55]
entre las distintas técnicas que utiliza.
Hay que decir como estas
relaciones recíprocas no se circunscriben en exclusiva a los aspectos técnicos
o lingüísticos, sino abarca a los contenidos. En este mismo año 1963 existe de
nuevo la prueba de como expresa un mismo tema con discursos y técnicas
diferentes. Se distingue con claridad en los óleos inspirados en la leyenda de
O Meco; en estos lienzos los colores predominantes, amarillo y rojo, coinciden
con los de la bandera de España, son telas donde unas esquemáticas figuras, con
hoces en la mano, avanzan juntas y combativas contra otra que está sola. Semeja
una metáfora de la situación que se podría originar en el Estado español si la
ciudadanía se levantase contra la dictadura. No se debe olvidar que las obras
basadas en la tradición popular de O Grove las pintó después de venir de Suiza
donde vio como vivían y los problemas nuestros emigrantes y después del
asesinato de Julián Grimau. La muerte en abril de 1963 del militante comunista
conmocionó a Seoane, como a muchas otras personas; bajo esta impresión emocional elige para gravar y llevar a la tela
un asunto en el que las mujeres inducen a revelarse contra el avasallamiento
que sufre el pueblo por una situación injusta y un abuso de poder que
mayormente padecen ellas. Se debe tener presente el protagonismo en esta
“historia” popular radica en el elemento femenino y como el artista siempre
otorga a la mujer a un papel activo, liberador o identitario.
En la muestra de Madrid se
encontraba expuesta la carpeta de O Meco pero el poeta de Cuanto sé de mi no se
refiere a ella, ni al sentido social de la obra de nuestro pintor; en cambio
establece la relación de su poética con Galicia y con el mundo medieval, pero defiende que tiene lugar a través
del grabado, no de los óleos: “(los grabados) Parecen nutrirse de esa mezcla de
humor y tragedia, invención en las formas y buen hacer material que es
característico del espíritu de Galicia. Es como un cantero medieval que imagina
trasgos y endriagos sobre la plancha de madera…”
José Hierro, por aquellos años uno
de los más prestigiosos críticos de arte de España, comenta los cuadros
teniendo un poco en cuenta el peso de la historia y la cultura gallega en sus
motivos y en el lenguaje, pero fundamentalmente se ateniene al aspecto formal
de los lienzos; asegura que, por encima de todo, son producto del orden, armonía
e inteligencia de un autor influenciado por el cubismo, y supone a esos tres
factores, en último término, constituyentes y originarios de esta pintura para
el lumínica y pánica:
Apenas tres tonos, repetidos sin variación, sin
degradaciones exigidas por la tercera dimensión, y, sobre ellos un esquemático
dibujo que alude a la realidad (...) Sus esquemas compositivos pertenecen al
cubismo, un cubismo puesto al día (...) El pulso excepcional de Seoane logra el
milagro de que sus criaturas plásticas puedan eludir el peligro de caer en lo
ilustrativo, en quedarse en viñetas, peligro del que pocos, manejando estos
elementos, podrían salvarse.[56]
También en Argentina otro
escritor, Manuel Múgica Lainez, apreció en la obra realizada a finales de los
cincuenta el riesgo, según el siempre muy bien sorteado por nuestro artista, de
caer en el decorativismo[57],
pero nunca en lo ilustrativo. De todos modos ese “peligro” debe inscribirse
dentro del concepto de la integración de las artes, del cual Seoane era un
enfervorizado defensor, y en el ámbito de las influencias mutuas entre las
distintas técnicas que practicaba[58],
un influjo recíproco del que era muy consciente o de modo premeditado
buscaba.
En el A.B.C. se lee que Luís
Seoane recibió la pegada del surrealismo al inicio de su carrera plástica, y lo
curioso, por lo poquísimo que supuso para él, Arbós Ballester está enterado de
su reciente y cortísima incursión en la pintura materia: “Creo que especuló
también con la pura materia en la vertiente del arte aformal”. Ahora lo define
como hijo del cubismo sintético y establece diferencias entre los cuadros mas
recientes y los de cuatro años antes, dejando claro como el dibujo cedió ante
el cromatismo: “Las (obras) más antiguas revelan una obsesiva estructura lineal
que en los últimos trabajos aparece trasmutada en masas formales de colores
planos. La línea tiene ahora valor caligráfico; es peripecia no nervio
arquitectónico. La yuxtaposición cromática basta para poner en pie la
composición. “Esta distinción permite constatar que no se limitó a enseñar
piezas realizadas en los últimos meses, sino además otras más antiguas que
posiblemente trajera de Buenos Aires; además confirma la ruptura experimentada
en torno a 1962 y como en ella el cromatismo sustituyó al trazo en la composición
y estructuración da imagen. Santiago Arbos considera la muestra del “gallego,
nacido en Buenos Aires” magnífica, le gusta mucho la obra gráfica, aunque, como
José Hierro, advierte:
Algunas de
sus pinturas esta a punto de caer en el área de la ilustración; pero felizmente
sabe hacer el quiebro el tiempo (...) Los grabados de Seoane no pasarían la
aduana de un técnico ortodoxo. Hay en ellos, sin duda, muchas licencias, tantas
que quizá la fuera mejor llamarlos estampaciones. Pero yo no tengo compromiso alguno
con la técnica y puedo recrearme libremente con el resultado de la obra;
confieso que estos grabados me interesan muchísimo. Son tan ricos de intención
como de calidades y están llenos de sorpresas y de hallazgos afortunados.[59]
Luís Seoane concordaba con este
parecer; era consciente de no ceñirse a las pautas marcadas en las escuelas
tradicionales para realizar el grabado; él procuraba conseguir con inmediatez
la comunicación con el espectador sin importarle para ello saltar las normas
académicas. Así lo expresaba, en 1958, en el prólogo Doce Cabezas[60].
Ramón Faraldo, resalta en el comentario que publica en Ya la
honradez y sinceridad de un artista que se expresa ateniéndose a sus criterios
personales y no a los de la moda, transmite al lector que Luís Seoane entiende
el arte como verdad:
De neta raíz francesa. Su color escoltado es todavía
“fauve (...) La adhesión a Picasso y la Matisse se nota siempre en Seoane: Él
hace lo posible para que se note (...) pinta así por convicción, porque cree
así, porque se responsabiliza de ese estilo concretamente, cuando muchos lo
consideran ya inoperante. Seoane nos hace ver que la fórmula vale todavía
cuando el que pinta es pintor, cuando se sabe, se siente y se sirve lealmente
con idea y paleta.
El crítico de Foz encuentra la
obra del pintor “gallego por la sangre, argentino de nacimiento, cincuenta años
famoso en América”, desvinculada del contexto, pero lo que suponía una fuerte
tacha en 1957 para L. S. V. en la revista argentina Amanecer[61],
para él resulta positivo. Se pregunta si existe más pintura o “mensaje” en un
cuadro no figurativo o en estos; su propia respuesta permite comprobar como
tanto la plástica que intenta ser más o menos social, como la que trata de
expresar en exclusiva vivencias personales, no le satisfacen de todo; él aboga
por un arte con plena autonomía, por el
juego total con formas, colores y materia, por la total y exclusiva
picturicidad. Nada mas alejado de cuanto defiende Seoane y que Faraldo capta:
La obra expuesta en las salas de la Dirección General
implica un oficio y una filosofía: la de que un cuadro es solo un cuadro, la de
que cumple con su deber si propaga bellamente la sensación y una emoción (…) Se
sitúa así frente a la otra misión del arte que exige a este enunciados sociales
o cósmicos, premoniciones de la nada, dramatizaciones sobre el alma ignorada
del hombre o sobre su destino multitudinario
Por parte del crítico lugués las
alusiones la Galicia resultan nulas. Unicamente subscribe la opinión de Castro
Arines, y así lo dice, en tanto en cuanto este piensa: “Los grabados le llevan
a la tierra de los suyos.”[62]
Para aceptar esta apreciación le influyen los temas de raigambre gallega, no el
lenguaje, pues los ejemplos citados pertenecen la carpeta O Meco o a la serie
de xilografías sobre Ana Manana; sin embargo continua a ignorar las
connotaciones de tipo social que conllevan los dos asuntos de estos grabados en
madera que toma como modelo, a pesar de reseñarlo el propio autor en el prólogo
del álbum inspirado en la leyenda de O Grove.
Al
contrario que su colega de la mariña luguesa, dos días después, el comentarista
de El Español hace constantes referencias directas e indirectas, a Galicia.
Coincide con Faraldo y Hierro al apreciar “picassismo” en la producción de
Seoane y solo con el poeta en que no abraza los dictados de la moda plástica.
Ramón Saez valora las calidades artesanas en los grabados, su “concreción
telúrica” que toma como consecuencia del gusto por los materiales y de los
resultados extraídos de aprovechar las vetas de la madera y estima las imágenes
en general de nuestro creador cual signos de una idea:
Pintor
gallego, nacido en Argentina, Seoane nos aproxima al concepto idóneo de la
imagen. Es casi un ideograma de puras esencias raciales (...) La obra de
Seoane, artista cultivado también en la faceta literaria, artífice famoso de
cuidadas ediciones, y, sobre todo, magnífico dibujante de sutiles realismos, es
como un estímulo para despejar el barroquismo que invade actualmente el verbo
cromático tan oscuramente elaborado la ultranza.[63]
No constituyen opiniones nuevas,
pues, el acercamiento al arquetipo y el uso de la síntesis por parte de Luís
Seoane lo repite con reiteración la prensa de Buenos Aires, tanto la argentina
como la de nuestra comunidad, aunque lo enuncien de distintos modos: Pinta la
mujer gallega, a los campesinos, esencializa las figuras, sintetiza las formas,
etc.; son juicios referidos por igual a los contenidos que al lenguaje, unos
conceptos, que, al eliminar la dicotomía forma - fondo, evidencian la unidad de un discurso cercano
al platonismo aunque siempre arrancando, e intencionadamente, sin desprenderse
de la realidad.
En contestaciones al entrevistador
de la revista Aulas, el pintor no oculta su lugar de nacimiento, patentiza
donde se siente: “Bueno, nací en Buenos Aires, pero soy español, gallego”. Por
esta entrevista, que lleva como colofón los primeros versos del poema de Alberti, se tiene noticia de que
alquiló un pequeño estudio en Madrid: “El reducido, ocasional estudio madrileño
del pintor cae a un paso de la Puerta de Alcalá. A medio paso del Paseo de
Recoletos” o que en su juventud jugó mucho al fútbol, un deporte que abandono
cuando un amigo murió a consecuencia de un golpe recibido durante un encuentro.
Mariano Tudela, periodista también gallego, juzga la exposición en la Dirección
General de Bellas Artes cual “una de las muestras pictóricas más interesantes y
celebradas del año artístico” y se refiere a la obligada marcha del artista
para Argentina equivocándose en la fecha (como se observará este año no será el
único) y como un acontecimiento casi agradable; además presenta el problema de
la emigración[64] como algo
típico de los gallegos:
Tres años mas tarde, primeros meses de 1937, el pintor
vuelve a Buenos Aires. Para él, este momento, supone con todo lo que le rodea,
un reencuentro cordial y entrañable. Gallego por los cuatro costados, transido
de una galleguidad auténtica y sin garambainas, el pintor, que en ese momento
lo es en ciernes, da cumplimiento la uno de los instantes característicos de su
raza: Se embarca en el carro tempestuoso, y un si es no es amargo, (sic) de la
emigración.[65]
Este número de diciembre de Aulas
va ilustrado por Seoane, por este motivo en la revista se efectúa una semblanza
suya, pero curiosamente se obvia en ella por completo su faceta de muralista y
de ilustrador, cosa que sorprende por coincidir su salida al mercado cuando
precisamente mostraba gran parte de los libros que ilustró; también, como ya es
habitual, se esconde su condición de exiliado; en cambio, facilita una
información que no aparece en ningún otro medio: “En 1936 vuelve a Argentina
(...) Español por los cuatro costados, vuelve la España en 1963 (...) Después
volverá definitivamente a España, en donde se propone vivir un poco como a
caballo entre Galicia y Madrid."[66]
Hasta principios de los años setenta no llevará a cabo este proyecto y cuando
lo hace se instala en Coruña; las veces que volvió a la península en los
sesenta se hospedaba en O Castro en la casa de Issac Díaz Pardo.
Valeriano
Bozal, en ese mismo número de Aulas, valora esta primera muestra en Madrid, al
igual que Castro Arines o Mariano Tudela, como una de las más importantes de la
temporada. Recuerda conocer de antes la producción de Seoane porque cuadros
suyos formaban parte de una exhibición itinerante de arte argentino que pasara
por esa ciudad tiempo atrás; clarifica que eran pocos pero que revestían
particularidad con respecto a los del resto de sus compañeros. La buena memoria
de Bozal contribuye, en parte, a alumbrar las dudas de Figuerola-Ferretti,
quien escribiera en Arriba, el día 1 de diciembre, que la obra de nuestro
creador le resultaba familiar pero que eso non era posible porque nunca
presentara su producción en Madrid. Por otro lado, líneas mas abajo, Valeriano
Bozal parece contradecirse; primero proporciona ese dato tan preciso, después
piensa que, a pesar de resultarle familiar la obra, non era posible que la
conociese porque no se exhibiera en Madrid. Unicamente se entiende la última
afirmación en el caso de referirse a que nunca hiciera una exposición
individual en la capital de España y por tanto no podía conocer su trabajo a
fondo. Ante la actual, asegura:
…lo que el pintor hace, está lo bastante lejos de lo que
acostumbramos a ver aquí. Nada de nueva figuración, nada de complejidad
constructiva, nada de vanguardia en el sentido de moda que la noción va
adquiriendo. Frente a la pintura de todos los días, he aquí una obra meditada,
sin urgencia, no inmediata. Para ser comprendida necesita cierta reflexión,
tras el inicial deslumbramiento de los colores.
Advierte
como el dibujo simple, perfecto, necesita de apoyaturas para no llevar a la
obra a caer en la ilustración, riesgo a su juicio superado, aunque así mismo
advertido por José Hierro o Santiago Arbós. En sus reflexiones sobre el uso del
pigmento defiende que configura sectores o divisiones que no responden al
capricho ni al mero decotativismo; para él, el cromatismo establece zonas no
situadas “dentro de los contornos”, pero si delimitadas por el propio color,
que adquiere de este modo función constructiva y engendradora de un espacio
plano y liso donde se insertan las figuras. Con esta apreciación permite ver
que en la muestra de Madrid predominan las telas de la última etapa, de cuando
la línea comienza a no delimitar la pigmentación ni los contornos de las formas
y el propio cromatismo configura una imagen prácticamente no figurativa.
Bozal se convierte en el único en
apreciar como: “En el empleo y la distribución, en la composición, se nota que
Seoane hace murales”, pero quizá por desconocerlos no establece ningún tipo de
cotejo entre la pintura de caballete y la de pared. Con respeto a los grabados
sostiene que investiga menos que en los óleos para lograr la simplicidad das
formas, y que la fuerza expresiva de las xilografías viene dada, en parte, por
extraer partido inteligente de las propiedades de la madera. No valora la obra
gráfica expuesta, excepto la de las ilustraciones, tan positivamente como a los
lienzos, ni tampoco le concede tanta importancia como el resto de los
comentaristas de los jornales madrileños de amplia tirada: “No se ha olvidado
el estudio de las formas, y algunos grabados sorprenden en ese aspecto, pero
desde nuestros criterios valorativos, estas cuestiones han perdido interés respecto
de las obras”. Acaba manifestando sus temores y dudas con respecto a la
evolución que siguieron algunos de los pintores exiliados:
Existen razones para temer que el desarraigo, la lejanía,
produzcan el hundimiento del pintor; ha sido el caso de Arturo Soto. Pero los
ejemplos de Seoane y Angeles Ortiz, grandes maestros fuera, son claras muestras
de lo contrario. La presencia de su pintura viene a problematizarnos la validez
apriorística que concedemos a los movimientos vanguardistas que aquí se nos ofrecen[67].
La primera reflexión se debe
relacionar con la discontinua línea emprendida Souto en el exilio mexicano, un
curso fluctuante que adopta obligado por las necesidades económicas; la segunda
con cuestionarse las tendencias que en los años sesenta se presentaban como lo
más avanzado, rupturista y novedoso, como las únicas y auténticas vanguardias:
el informalismo o la abstracción en sus diferentes variantes, y luego la
neo-figuración. Curiosamente, para ejemplificar sobre el camino contrario a los
peligros que teme para los artistas refugiados, hecha mano de un amigo de
Seoane, de Manuel Angeles Ortiz, con quien concurrió al Congreso de Partisanos
por la Paz, celebrado en París en 1949, una reunión donde el andaluz le
presento a Pablo Picasso.
Muy al contrario de Bozal, Joaquín
de la Puente, no efectúa una buena crítica a la obra sobre lienzo. Afirma
interesarle más el grabado porque posee una calidad plástica non alcanzada en
la pintura de óleo, que define como aceitosa, uniforme, decorativa y, en su resultado
final, inmersa en los criterios de la estampación:
Las tintas planas de gran magnitud no surgen del lienzo;
son como el fruto de una estampación; se recortan, se yuxtaponen sin tránsitos,
sin transiciones mediadoras; carentes de vibración plástica, aunque con fuerte
efectividad decorativa. Tales planicies de color apenas serían nada sin el
grafismo definidor, también amplio y certero, seguro; a punto de ser especie de
“Cloisonnisme”, sólo que sin serlo; lo serían si el contorno ciñese, apretase los
vastos planeamientos entintados. El contorno así mismo, a manera de
estampación, no tiene inconveniente en interrumpirse, en jugar, en cortarse, en
desencajarse. En todo prueba, Seoane, su destreza, su seguridad y su
inteligencia. Pero para mí estas no son facultades suficientes en el arte de la
pintura.
Por los argumentos que
esgrime, tampoco valora mucho el trabajo de nuestro artista en el campo de la
ilustración de libros. De su texto se extrae la impresión de que este
comentarista de Artes se encuentra anclado en conceptos decimonónicos[68]
sobre la ilustración, en criterios ya superados en los años treinta cuando se
empezó a concebir el libro como un todo, como una pieza atractiva para el
usuario que por sus ilustraciones, diseño y diagramación puede alcanzar
categoría de objeto artístico:
La ilustración ya no ilustra, ya no colabora en la
explicación gráfica- descriptiva de la obra que acompaña. La ilustración, en
este mundo de divorcios y disociaciones consistentes en que vivimos, ornamenta,
decora, hermosea, la arquitectura intrínseca del libro. En semejantes
ediciones, uno no sabe si el texto insigne elegido se tomó como pretexto, para
crear una pieza editorial intrínsecamente válida. Por la belleza organizada
sutilisimamente en tipos de imprenta, estructuración de páginas, grandeza de
los márgenes, no se sabe si esta fue no mas que una manera de rendir homenaje
al autor, o si el prestigio de este fue usado para categorizar a un artista y
darle nueva ocasión para que ejerza su inventiva.
Se confiesa bibliófilo pero con
una idea de la bibliófila donde prima como valor casi exclusivo la escritura;
mantiene unos postulados alejados de posibles innovaciones en los diseños o
ilustraciones, que el cuidado del aspecto formal resulta accesorio y hasta
molesto: ”Uno que ama los libros de bibliófila prefiere leer en libros
modestos, pulcramente impresos, toma esas obras cuando las puede tomar, pues
son mas un lujo para gozar de su integridad artística, no de la literatura.
Pienso que el libro se ha convertido en una preciosa carpeta de estampas”. De
todo lo que se exhibe en las salas de la Biblioteca Nacional a De la Puente
solo le interesan las xilografías y los grabados en metal con retícula, piezas
a las que califica de magníficas; también le llaman la atención porque:
”...Poseen títulos de aguda retención literaria (...) Pero no creo que
respondan a lo que plásticamente se traza, se plasma, se graba. Y no importa.
No importa tan mano divorcio.”[69]
Con respecto a los nombres que Seoane asigna a su obra gráfica Concha
Castroviejo observaba un desligamiento entre lo que se vía y el título, ella lo
explicaba: “Yo le decía la Seoane que el mismo había escapado de su obra
buscando una salida metafísica en la buena y justa invención de los títulos,
reconociendo que, por el camino de la fantasía, ha logrado que la palabra de
atinada respuesta a la pintura.“[70]
Dos semanas más tarde, en la misma
revista Artes se inserta una pequeña nota sobre la exposición de Madrid en la
cual Moreno Galvan trae a colación la pegada del poso de la memoria y del
estilo románico en la obra de nuestro autor, unas apreciaciones que empalman
con lo tantísimas veces repetido por los críticos de Argentina. Con ellos
sintoniza así mismo en observar el interés que demuestra por conseguir el
diálogo con espectador; comunicación que en su opinión alcanza por compartir
con el público la misma cultura, un pensamiento que se puede sintonizar tanto
con el concepto de empatía como con las teorías de Iuri Lotman sobre el código
cultural[71]. Para el
futuro crítico de la revista Triunfo:
Cuenta con el recuerdo, con la herencia biológica de los
recuerdos, de las leyendas, de los mitos, de la costumbre. El románico cuando
es una encarnadura aldeana es una manera de narrar simplificando (...) Lo
difícil es el acuerdo entre el narrador y el espectador, y el acuerdo se
establece. Como con los santos románicos.”[72]
De
entre todos los comentaristas madrileños, el y el poeta José Hierro son los
únicos en relacionar la poética de Seoane con arte medieval.
Entre
los medios de comunicación gallegos esta muestra de Madrid obtiene cierta
repercusión en La Voz de Galicia. Alberto Míguez,[73]
cuenta en este diario, como Moreno Galvan exclamaba: “¡Que pintura tan
universal y tan gallega!” Él añade que realizada con el dolor producido por la
lejanía de la Tierra, dejando entender con ello que el artista no se siente
feliz fuera: “Pintura casi desconocida en Galicia, hecha con dolor profundo,
dolor de la distancia (...) La pintura de Seoane es artesana, vive del mundo
subyacente de las realidades populares, como la del maestro Mateo, la de los
canteros pontevedreses, los trazos del gran Castelao“. Resalta el influjo de lo
popular, del románico y curiosamente de Castelao, pero solo en el lenguaje, no
en el aspecto conceptual o social. Las primeras frases de este artículo
resultan por un lado un tanto contradictorias y por otro bastante
premonitorias: “Unicamemente lo ha reconocido el público madrileño, la crítica
y los entendidos. La exposición de Luís Seoane en Madrid ha constituido uno de los
éxitos más brillantes de la temporada.“[74].
Cumple observar como el texto utiliza los verbos en pasado y que se publica el
último día de noviembre, cuando todavía en la prensa madrileña no salieran las
críticas más relevantes; se puede afirmar que no viera la luz ninguna, ya que
la primera data del día uno de diciembre. En todo caso, es posible que Míguez
se refiera a los comentarios orales recogidos por él entre sus abundantes
amigos pertenecientes a la institución artística.
Ramón Acuña firma una pequeña
entrevista en el mismo periódico coruñés con el “gallego universal” que enseña
óleos y litografías en dos salas del Palacio de Museos y Bibliotecas de Madrid,
y que finaliza con unos versos del
poema de Rafael Alberti. Cabe suponer que cometa un error pues todos los
comentaristas se refieren al grabado en madera o en metal con retícula, nunca
al de piedra. Seoane contesta de modo mecánico a las preguntas, lo único digno
de consideración radica en la elegancia con que llama desinformados con
respecto la cuanto ocurre en este terreno artístico-cultural de Buenos Aires, a
los componentes de ese ambiente en la capital de España:
(Buenos Aires) Una
ciudad donde hay unas cuatrocientas exposiciones anuales y donde se puede ver
anualmente obra conjunta de los grandes pintores mundiales, donde existen
innumerables talleres y estudios es, naturalmente, una ciudad con mucho
ambiente en cuanto a las artes plásticas. Tanto como en Europa. Me ha
sorprendido la idea provinciana que he oído en Madrid sobre América. Los principales
centros culturales, Méjico, Río de Janeiro y a la cabeza de todos Buenos Aires,
no tienen que envidiar a Roma, París o Londres, por ejemplo[75].
Los meses que pasó en la Península
en 1963 fueron muy intensos para el pintor en todos los aspectos, non solo por
el trabajo para las dos exposiciones y por tener que atenderlas. Conviene
recordar que ese año resulta “especial” para nuestra historia, pues se están a
celebrar las negociaciones y preparativos para realizar por primera vez el Día
das Letras Gallegas (dedicado el primero a Rosalía, el siguiente a Castelao) y
las conversaciones para la fundación[76],
en julio de 1964, de la Unión do Pobo Galego. Seoane siempre se sintió muy
cerca y apoyó a la UPG, siempre mantuvo con este partido estrecho contacto,
mismo desde este año 1963, cuando se daban los primeros pasos para su
constitución.[77]
Seoane sale de España a finales de
enero de 1964. la Voz de Galicia facilita la noticia de que no se dirige
directamente a Argentina: “Luís Seoane ha venido la despedirse de nosotros,
pues retorna a América a seguir su admirable carrera artística. Antes se
detendrá algún tiempo en Zurich, en donde ha residido ya en otras ocasiones.“[78]
El tiempo que paso en la ciudad suiza no debió de ser mucho, pues el día dos de
mayo asiste al banquete que le tributa la Sociedad Argentina de Artistas
Plásticos por los éxitos alcanzados por su pintura en la Península.
Como
consecuencia de la muestra celebrada en la Dirección General de Bellas Artes,
los medios de comunicación españoles continúan dedicándole bastante espacio al
artista a lo largo de 1964.
En la revista Índice de enero de
ese año, Luís Seoane responde a un cuestionario de ocho preguntas; en las
número uno y tres da la impresión de que replica a las opiniones vertidas por
Joaquín De La Puente[79]
en Artes. En la primera contestación explica el discurso que emplea en el óleo
en ese momento, y al hacerlo el mismo anuncia los cambios que ocurren en su
pintura sobre todo a partir de 1967-68, años en los que se puede establecer el
inicio de una nueva etapa. No obstante siempre se debe tener presente que nunca
abandona de todo el lenguaje de épocas anteriores, pues una de sus constantes
formales radica en que se expresa según piensa que requiere la imagen que
procura lograr; en ninguna de sus periodos se circunscribió en exclusiva a un
único modo de utilizar las formas. Observando su producción se aprecia que los
cortes no son rotundos, como en su discurso permanece de épocas pasadas cuanto
considera más idóneo para comunicarse sin romper de todo con hallazgos
anteriores que le resulten de utilidad.
Luís Seoane, en diciembre de 1963,
fecha en que como parece lógico suponer le entrevistarían para Índice (a
finales de enero se marchó de España), define así su pintura:
No sé por que dicen ustedes que óleos y grabados no
responden a los mismos principios estéticos. Unos y otros no difieren mas que
en la técnica (…) Trato de hacer una pintura directa, esquemática, en general
de fuertes contrastes de color muy construidos, en la que la línea se mueva en
libertad. Exactamente lo mismo que busco en el grabado tratando de alterar lo
menos posible la madera, su condición. Conservo la madera y la elementalidad de
la madera para el grabado, como la del óleo y la tela para mis cuadros.
Lo expresado en los primeros
párrafos se recoge en la larga entradilla de la entrevista; la única diferencia
consiste en que en esa entradilla, por primera vez en los medios, aparece la
comparación de su pintura con los conceptos nietzschianos de lo apolíneo y lo
dionisíaco: “En la pintura de Seoane el color, los amplios espacios coloreados,
son lo informe, lo dinosíaco; la línea (garras-línea, como las llama Castro
Arines) representan el impulso apolíneo, el orden, lo humano“. A la siguiente
pregunta el pintor afirma:
Para mí el grabado estuvo siempre unido al tema y por sus
fines originarios, multiplicidad de copias, etc., tiene un sentido popular que
nunca, a mi juicio, tuvo el óleo. Posee desde sus comienzos una finalidad
narrativa y yo trato de ser fiel la esa naturaleza con los ensayos técnicos que
se me ocurren. A esto mismo se debe el cuidado de los títulos que trato de unir
al mundo del grabado. Alguien los encontró literarios pero “literatura” es una
parte, como dijimos, del mundo del grabado y literaria es una parte de mi obra.